28 de enero de 2012

Otro más para la colección

Con esto de que no tengo mucho tiempo ni ganas de escribir en el blog, se me van acumulando las cosas que contar.

Por ejemplo, que mi querido Barça vino a Japón a jugar el Mundial de Clubes. Se enteraron que yo ahora estaba viviendo aquí y quisieron celebrarlo en Japón; qué considerados son.

El once de septiembre se ponían a la venta las entradas por internet y había que ser rápidos para comprarlas porque, conociendo lo previsores que son los japoneses, en pocos días ya se habrían agotado casi todas. Y no me equivoqué. Debido a problemas técnicos (si no tenías tarjeta de crédito japonesa se te complicaban bastante las cosas), el bueno de Xavi (popularmente conocido como "Calderiller") no las pudo comprar hasta el día siguiente. Otra amiga tardó sólo un día más y ya sólo quedaban las más caras...

En fin, a lo que iba. El día 15 de diciembre nos presentamos el Xavi y yo en el estadio de los Yokohama Marinos, donde se celebraba el partido de semifinales que enfrentaba al Barça con el Al-Sadd, sobre las 15:30h para recoger nuestras entradas físicas.



Con el botín en las manos y venciendo a duras penas la tentación de revender la tercera entrada, tocaba ir a dar una vuelta para hacer tiempo y empezar a doblar cervezas por si acaso dentro del estadio no vendían.

Lo habían montado todo bastante bien. Por el recinto habían muchos stands en el que podías hacer diversas actividades, sobre todo dirigidas a los niños: chutar penalties, hacerte fotos en un simulador de vídeo con camisetas de diversas selecciones (japonesa, inglesa, española...), participar en un sorteo, etc. Todo aderezado, eso sí, con miles de personas a tu alrededor.




Lo único que se veía era a gente con camisetas del Barça, el 99% todo japoneses; pero también nos encontramos con algunos fans culés españoles que vinieron expresamente a Japón a ver el Mundialito.


Ya se acercaba la hora del partido así que tocaba ir entrando a buscar nuestros sitios.


Aunque un poco más pequeño que el Camp Nou, el estadio de los Marinos era impresionante. Con capacidad para albergar a unos 77.000 espectadores, esa tarde estaba completamente a rebosar.




Pero que no os engañen las fotos: pese a haber más de 70.000 personas, durante el partido... ¡¡estaba todo el pu*o estadio en silencio!! Para muestra, un botón:

video

Excepto por nosotros y el resto de culés españoles ubicados en uno de los goles, que éramos los únicos que animábamos continuamente, parecía que estuviéramos en medio de un cementerio; silencio sepulcral. Era completamente desesperante. Los japoneses sólo animaban cuando alguno de los dos equipos estaba a punto de marcar; el resto del tiempo, sólo silencio...

No podía dejar escapar la oportunidad de ir a ver a mi Barça estando en Japón, así que fue una buena experiencia (cementerios aparte) y me lo pasé muy bien. A ver cuándo vuelven a hacernos una visita. Aunque quizá hay más oportunidades de verlos si voy yo a Barcelona, ¿no?





¡Hasta otro día!

21 de enero de 2012

Tentaciones... ¿o ya no?

Un día después de clase, caminando hacia una de las oficinas de correos en Shibuya, a alguien se le debió de caer sin querer un móvil al suelo; batería por un lado, carcasa por otro...


Así que lo recogí, lo recompuse y me fui al kôban (交番、こうばん), esos pequeños puestos de policía que sueles encontrar a la salida de las estaciones de tren/metro, a entregarlo. Aquí sobre el 80% de objetos perdidos, ya sea en la calle o dentro de los trenes, por ejemplo, suelen regresar a sus dueños. Hay mucha conciencia sobre eso y la gente simplemente los entrega, no se los queda.

El otro día, hablando sobre este tema con algunos amigos españoles, salió una pregunta interesante de una chica que lleva poco tiempo aquí: ahora que lleváis bastante tiempo aquí en Japón y estáis un poco más "concienciados" como lo están los japoneses, ¿hubiérais devuelto el móvil si esto hubiera pasado en España?

También salieron respuestas interesantes...

Tôno y Rikuzentakata - Día 3

(Sé que ha pasado más de un mes desde la última entrada que publiqué. Lo sé, no tengo excusa... Espera, sí que la tengo: poco tiempo y pocas ganas de escribir)

Segundo día de trabajo que empezaba. Otra vez a levantarse a las seis de la mañana, quitarse las estalactitas que crecieron durante la noche (por eso de no superar los 0ºC y tal), una buena sopa de miso calentita para desayunar y con todos los bártulos a esperar al autocar, que se retrasó unos minutos.



De vuelta en el centro de reunión de Tôno Magokoro Net, varios grupos del día anterior se marcharon, así que ese día seríamos "sólo" 41 voluntarios. A nuestro grupo le tocó en el mismo lugar que el día anterior; a seguir con la limpieza del pequeño canal de agua.


Dos de los coordinadores, junto con varios de nuestro grupo, se pusieron a limpiar de barro el principio del canal.




Prestando un poco de atención, todo lo oscuro que hay a los dos lados del canal es toda la cantidad de lodo que se llegó a acumular y que impedía totalmente el paso del agua.

En la segunda parte de la mañana, nos dividieron a todos en otros pequeños grupos: uno a seguir limpiando los alrededores de escombros, otro a seguir en el canal, otro más a limpiar los pequeños "pantanos" que se habían formado con la acumulación del agua, y por último el grupo en el que yo estaba, que nos encargaron limpiar otro canal de agua un poco más ancho y de más longitud.

Por el principio del canal no se apreciaba que hubiera tanta cantidad de escombros, además que el nivel del agua era un poco más profundo, pero a medida que avanzábamos hacia arriba había cada vez más cantidad de escombros y de barro.


Avanzando por debajo de un mini puente

Esto es lo que nos encontramos después de pasar el puentecito


Un trozo de alguna pared o algo parecido de alguna edificación. Al final conseguimos sacarlo del canal, pero costó bastante esfuerzo ya que era todo hormigón y debía de pesar como 100 quilos. Pero para eso está el trabajo en equipo.

Todo lo que íbamos sacando del fondo del agua lo dejábamos en los márgenes del canal para luego otro compañero encargarse de subirlo "a tierra" y apilarlo para que se pudiera llevar a los vertederos temporales si era el caso.

Aunque algunas veces no puedes simplemente desecharlo como basura. Cavando en un lado, intentando despejar el canal de uno de los montones de barro casi compacto, me encontré entre quilos y quilos de barro con esta especie de jarra que no tenía ni un solo rasguño.


No sé exactamente para qué sirve, pero supongo que es para servir lo que se conoce como sake (酒) en los países occidentales, aquí llamado nihonshu (日本酒) o licor japonés. No puedo entender cómo edificios enteros se vinieron abajo, coches arrastrados como barquitos de papel y una simple jarra, que se rompe solamente con tirarla al suelo, quedó completamente intacta. Obviamente no podía simplemente tirarla como si fuera basura, así que la dejé apartada con otro montoncito de cosas que estaban bien. Quién sabe si de aquí a un tiempo quizá esta jarra vuelve con sus dueños.

Acabado el segundo y último día de trabajo, otra vez al autocar para ir a los sentô, al supermercado a por la cena y a comentar todos juntos qué tal había ido el día.

A la mañana siguiente ya teníamos que volver a Tokyo, así que nos despertamos prontito, recogimos todos nuestros bártulos y limpiamos toda la casa, lista para los siguientes grupos que vendrían.


No quiero acabar esta entrada sin comentar una cosa. El 2011 ha sido un año bastante duro para Japón; sufrir el peor terremoto documentado de su historia no es algo que se supere fácilmente, así como la terrible devastación en toda la costa noreste a causa del tsunami. Por eso, aunque ya hayan pasado diez meses desde aquel 11 de marzo, aún siguen haciendo falta muchísimos voluntarios. Se ha conseguido rescatar a cientos, miles de personas en los días y semanas posteriores al tsunami; se han limpiado cientos de quilómetros de todo tipo de escombros arrastrados por el agua; se han limpiado miles de casas; se han construido casas temporales para aquellas personas que perdieron las suyas. Gracias al esfuerzo, por pequeño que sea, de todas aquellas personas que han ayudado -policía, bomberos, "ejército", personal sanitario y miles de voluntarios, de cualquier parte de Japón e incluso del extranjero- se ha logrado avanzar paso a paso, pero aún queda, por desgracia, mucho que hacer y mucha ayuda que poco a poco va descendiendo.

Por eso insisto, e insistiré las veces que haga falta aunque me llaméis pesada, que sigáis ayudando a Tôhoku, a todo el noreste de Japón afectado por el 11 de marzo, de la forma que os sea posible.